Ser Diferente No Es Una Problema, Es Una Solucion C:

jueves, 3 de agosto de 2017

Medios de comunicación, gula de una sociedad moralista

La necesidad por estar informados, comunicados y en ciertos casos, prevenido de situaciones que pueden afectarnos individual y colectivamente en una comunidad o sociedad; suplida por una creación que ha revolucionado la forma en que percibimos al mundo y expresamos nuestras opiniones frente a éste: Los medios de comunicación; tan útiles como inútiles, vistos como una necesidad pero consumidos como comida chatarra; una red masiva de información con filtros que permiten la publicación de absolutas mentiras como algunas pocas verdades, o peor aún, verdades incompletas, y para empeorar la situación, verdades juzgadas por ser mentiras que su conclusión corrobora a su sublime posición de ser perfectas e irrefutables. El consumo nos ha convertido en adictos y la indiferencia en crédulos, ¿cuánto consumo falta para morir de un paro cardiaco?
Para abarcar la situación que nos lleva a percibir la cara venenosa de los medios, es necesario entender su origen y para sorpresa de algunos, no es tan distante como pensar en una Europa inmaculada o una regia Norte América; esta en nosotros, en la mayoría de los receptores de información y unos pocos de los emisores de ésta que, con o sin intención, se aprovechan de la situación. Indiferencia y mediocridad, la sustancia primordial del veneno informático, y no hablo de una ignorancia que nos beneficie ni una mediocridad que sea leve, es un caso severo porque de a pocos hemos permitido bastante, en las acciones de considerar que con un poco de la información total podemos suplir la necesidad de alguien por saber o la falta de curiosidad o duda sobre lo que recibimos, nos hacemos crédulos de la información que cualquier ente realmente anónimo nos brinda.
Pero no es solamente la idea de ser indiferentes ante una red que nos rige frente a comunidades foráneas a la nuestra, son las acciones que tomamos, el pensar que, por ejemplo, un homosexual no merece una vida digna o un político ha realizado tratos por debajo de mesa y tomar represarías contra los sujetos nombrados, y todo por haber leído un artículo amarillista, medianamente argumentado, pero con tantos ejemplos de la vida cotidiana que instintivamente lo damos por hecho.
Sin embargo, no todo llega hasta aquí, la discriminación con base a fuentes dudosas no lo es todo, de las mismas fallas en los medios, crece un negocio bastante sucio, la alteración de reportes, las falsas verdades, la publicidad engañosa y en síntesis de todo esto, los beneficios económicos, políticos y sociales que estos pueden tener en un individuo o comunidad, pero por más que se pueda saber de esto, poco es lo que conocemos en información verdadera pues es esto un acto que corrompe los medios y no les conviene hacer públicos ni que un tercero lo pueda hacer.
Es en este punto donde entramos nuevamente como receptores de información y como posible solución, pero quien lo piense bien diría que es utópica pues estamos repletos de información poco confiable, con tantos vacíos injustificados que encontrar información verdadera nos haría dudar de la misma, pues creerla cambiaría radicalmente nuestra forma de ver, entender y expresar al mundo como mundo y no como un sueño sublime y distante; los medios se encargaron de llevarnos al juzgado y nosotros nos declaramos culpables de un crimen aún sin realizar.
No hay ser humano en este planeta que no sea parte de este plan auto destructivo, pues los medios están hasta donde no pretendemos encontrarlos como lo es una hoja de un cuaderno supuestamente ecológico que, claramente tiene la etiqueta del producto en un borde de la misma. Vivimos de los medios, de medir nuestro presupuesto a base de un precio de una moneda extranjera, de leer voluntariamente anuncios en la calle donde la comunidad exige la revocación de un alcalde tan bueno que ha explotado las opiniones bimoraslistas en toda una comunidad, de escuchar remedios para la tos de ancianas ignorantes que terminarán por enfermarnos de diabetes; vivimos de mentiras, morbo y acusaciones sin justificaciones tan concretas como la tesis de la misma, y es inevitable.

 Vivimos de lo que creamos con nuestro desinterés por el mundo real, por nuestra falta de empatía y falencias altruista en nuestro sentido común; vivimos leyendo artículos incompletos e ignorando su veracidad, criticando a un policía por la influencia que una red social nos ha vendido de la entidad de autoridad, de ser moralistas en riesgo de proclamar dictador a una entidad que se llena de fama a base de acciones de terceros desinteresados, y no es su culpa, es nuestra culpa por pensar que el mundo es tan grande que solo existimos nosotros y nuestros queridos, porque lo que desconocemos no es más que “una experiencia por vivir”, pero no muchas vidas llenas de experiencias, y si eso es del mundo, poco menos es de los noticieros, la publicidad y los producidos textuales de columnistas enfadados; poco menos es de quien pide auxilio por las consecuencias mientras protestamos por una idea que no es tan nuestra como de alguien más, y mucho menos para quien lo apoya desde un sillón en la comodidad de su hogar; poco menos y mucha menos vida, es eso nuestro egoísmo, indiferencia, arrogancia y mediocridad, una vida poco creíble.


Texto creado y producido por Diego A. Hernandez.
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