La necesidad por estar informados, comunicados y en
ciertos casos, prevenido de situaciones que pueden afectarnos individual y
colectivamente en una comunidad o sociedad; suplida por una creación que ha
revolucionado la forma en que percibimos al mundo y expresamos nuestras
opiniones frente a éste: Los medios de comunicación; tan útiles como inútiles,
vistos como una necesidad pero consumidos como comida chatarra; una red masiva
de información con filtros que permiten la publicación de absolutas mentiras como
algunas pocas verdades, o peor aún, verdades incompletas, y para empeorar la
situación, verdades juzgadas por ser mentiras que su conclusión corrobora a su
sublime posición de ser perfectas e irrefutables. El consumo nos ha convertido
en adictos y la indiferencia en crédulos, ¿cuánto consumo falta para morir de
un paro cardiaco?
Para abarcar la situación que nos lleva a percibir la
cara venenosa de los medios, es necesario entender su origen y para sorpresa de
algunos, no es tan distante como pensar en una Europa inmaculada o una regia
Norte América; esta en nosotros, en la mayoría de los receptores de información
y unos pocos de los emisores de ésta que, con o sin intención, se aprovechan de
la situación. Indiferencia y mediocridad, la sustancia primordial del veneno
informático, y no hablo de una ignorancia que nos beneficie ni una mediocridad
que sea leve, es un caso severo porque de a pocos hemos permitido bastante, en
las acciones de considerar que con un poco de la información total podemos
suplir la necesidad de alguien por saber o la falta de curiosidad o duda sobre
lo que recibimos, nos hacemos crédulos de la información que cualquier ente
realmente anónimo nos brinda.
Pero no es solamente la idea de ser indiferentes ante
una red que nos rige frente a comunidades foráneas a la nuestra, son las
acciones que tomamos, el pensar que, por ejemplo, un homosexual no merece una
vida digna o un político ha realizado tratos por debajo de mesa y tomar
represarías contra los sujetos nombrados, y todo por haber leído un artículo
amarillista, medianamente argumentado, pero con tantos ejemplos de la vida
cotidiana que instintivamente lo damos por hecho.
Sin embargo, no todo llega hasta aquí, la
discriminación con base a fuentes dudosas no lo es todo, de las mismas fallas
en los medios, crece un negocio bastante sucio, la alteración de reportes, las
falsas verdades, la publicidad engañosa y en síntesis de todo esto, los
beneficios económicos, políticos y sociales que estos pueden tener en un
individuo o comunidad, pero por más que se pueda saber de esto, poco es lo que
conocemos en información verdadera pues es esto un acto que corrompe los medios
y no les conviene hacer públicos ni que un tercero lo pueda hacer.
Es en este punto donde entramos nuevamente como receptores
de información y como posible solución, pero quien lo piense bien diría que es
utópica pues estamos repletos de información poco confiable, con tantos vacíos
injustificados que encontrar información verdadera nos haría dudar de la misma,
pues creerla cambiaría radicalmente nuestra forma de ver, entender y expresar
al mundo como mundo y no como un sueño sublime y distante; los medios se
encargaron de llevarnos al juzgado y nosotros nos declaramos culpables de un
crimen aún sin realizar.
No hay ser humano en este planeta que no sea parte de
este plan auto destructivo, pues los medios están hasta donde no pretendemos
encontrarlos como lo es una hoja de un cuaderno supuestamente ecológico que,
claramente tiene la etiqueta del producto en un borde de la misma. Vivimos de
los medios, de medir nuestro presupuesto a base de un precio de una moneda
extranjera, de leer voluntariamente anuncios en la calle donde la comunidad
exige la revocación de un alcalde tan bueno que ha explotado las opiniones
bimoraslistas en toda una comunidad, de escuchar remedios para la tos de
ancianas ignorantes que terminarán por enfermarnos de diabetes; vivimos de
mentiras, morbo y acusaciones sin justificaciones tan concretas como la tesis
de la misma, y es inevitable.
Vivimos de lo que
creamos con nuestro desinterés por el mundo real, por nuestra falta de empatía
y falencias altruista en nuestro sentido común; vivimos leyendo artículos
incompletos e ignorando su veracidad, criticando a un policía por la influencia
que una red social nos ha vendido de la entidad de autoridad, de ser moralistas
en riesgo de proclamar dictador a una entidad que se llena de fama a base de
acciones de terceros desinteresados, y no es su culpa, es nuestra culpa por
pensar que el mundo es tan grande que solo existimos nosotros y nuestros
queridos, porque lo que desconocemos no es más que “una experiencia por vivir”,
pero no muchas vidas llenas de experiencias, y si eso es del mundo, poco menos
es de los noticieros, la publicidad y los producidos textuales de columnistas
enfadados; poco menos es de quien pide auxilio por las consecuencias mientras
protestamos por una idea que no es tan nuestra como de alguien más, y mucho
menos para quien lo apoya desde un sillón en la comodidad de su hogar; poco
menos y mucha menos vida, es eso nuestro egoísmo, indiferencia, arrogancia y
mediocridad, una vida poco creíble.
Texto creado y producido por Diego A. Hernandez.
No apto para su copia y reproducción sin su respectiva citación al autor.